La maldición del conocimiento

La maldición del conocimiento

La maldición del conocimiento es tipo de sesgo cognitivo que se produce cuando nos comunicamos con otras personas y hace que presupongamos que las otras personas tienen conocimientos previos sobre el tema del que estamos hablando.

Todos, absolutamente todos, caemos en algún momento en la maldición del conocimiento y damos por hecho cosas que no deberíamos. En el ámbito profesional lo vemos en los diferentes sectores y el vocabulario que utilizan.

Por ejemplo, en finanzas: turnaround, flujos a futuro…

O en logística: rodillos, góndola…

A marchas forzadas vamos sabiendo lo que es un EPI o una FPP2 o PCR… pero ahora porque tenemos saturación de noticias relacionadas con el covid-19 y se están molestando en explicarnos con minucioso detalle a qué se refieren cuando dicen estas palabras. Hace un mes no teníamos ni idea. Palabras que en sus diversos entornos se dicen de forma común y habitual, pero que fuera de ellos te hacen quedar o como un resabiado o lo que es peor, como un listillo. O, aún peor, que tu interlocutor no tenga ni la más remota idea de lo que estás hablando.

Y es que, una vez que interiorizamos algo, es difícil volver atrás a cómo era cuando no sabíamos de ese tema. Es como si nos pusieran unas orejeras. Y es peor cuanto más sabemos de un tema. Así que si somos expertos en algo, la maldición del conocimiento nos acechará por cualquier esquina.

Es muy difícil salir de la espiral en la que nos mete nuestro propio conocimiento. Yo he trabajado con oradores que no podían reconocer sus propias palabras técnicas y esto, como podéis imaginar, es un problema.

 

¿Cómo romper la maldición del conocimiento?

Como digo, acabar con la maldición del conocimiento no es sencillo y muchas veces requiere de ayuda externa, una suerte de espejo que nos recuerde nuestros inicios, cuando no sabíamos lo que sabemos hoy. Así que no está mal que le pidamos a alguien que nos revise un texto o una presentación. Si somos muy empáticos, podemos intentar ponernos nosotros al nivel de nuestra audiencia. Requiere práctica, pero lo podemos conseguir.

Tres pautas de comunicación no verbal para hablar bien en público

Tres pautas de comunicación no verbal para hablar bien en público

Si estás leyendo este artículo es porque alguna vez te ha tocado o te toca hablar en público y eres consciente de que puedes mejorar al hacerlo. Yo misma, que me tocaba hablar en público con frecuencia por trabajo, empecé a formarme porque no soportaba el miedo escénico (me ponía tan nerviosa que no podía ni hablar) y tenía mil tics.
La buena noticia es que se pueden superar y, lo cierto, es que eliminar ciertos tics o gestos que hacemos al hablar en público, no es complejo, pero sí requiere un poco de autoconciencia. Así que hoy os voy a dar tres pautas para poder desprendernos de estos tics que pueden llegar a convertirse en una pesadilla si los llevamos al extremo.

 

Las manos en los bolsillos

Este es un gesto típicamente masculino. No es que las mujeres no llevemos pantalones, pero, por algún motivo, es mucho más frecuente en hombres que en mujeres. Y es que oye, hay gente que es levantarse a hablar y meterse las manos en los bolsillos y no hay gesto que más choque a la audiencia. Mucha gente me dice que qué va a hacer con las manos si no… y yo siempre les digo que las manos, naturales. Las manos, cuando las usas para acompañar tu discurso, añaden énfasis a lo que dices. Si no las vas a usar, puedes dejar los brazos en su posición natural. Forzarte a utilizar esta posición como «neutra» (posición de partida de discurso), puede ser algo muy positivo.

Caminar sin fin o el efecto Forrest Gump

El efecto Forrest Gump es el que se produce cuando un speaker se pone a caminar sobre la escena sin ton ni son.
Para solucionarlo, porque obviamente, si caminas como un loco (o loca) sobre el escenario, es un horror, primero te tienes que hacer consciente. Te recomiendo que ensayes mucho, que te grabes, que tengas a una persona de confianza que te diga si lo haces… y que sigas ensayando. Y que compruebes la escena in situ antes de hablar para saber qué partes puedes utilizar y desde dónde llegarás mejor a tu audiencia.

Movimientos sin sentido

Hay speakers que no son conscientes de sus movimientos corporales. Algunos tienen algún tipo de tic, que es un movimiento involuntario. Algunos tipos de tics son inevitables (aunque con práctica y control pueden remitir) y otros son perfectamente evitables, solo, de nuevo, tenemos que ser conscientes de ellos. Brazos descontrolados, gestos con la cabeza o las manos, con las cejas o los ojos…
Grabémonos, valoremos el vídeo sin audio fijándonos en el lenguaje corporal, pidamos ayuda a alguien que nos valore qué podemos mejorar y repitamos el proceso.

Como ves, todo pasa por el reconocimiento de nuestras lagunas. Para todo lo relacionado con el lenguaje no verbal, grabarnos es la mejor opción. No hace falta que las grabaciones sean de super calidad, con nuestro propio móvil es suficiente.
Ahora, ¡a por ello!