La maldición del conocimiento

La maldición del conocimiento es tipo de sesgo cognitivo que se produce cuando nos comunicamos con otras personas y hace que presupongamos que las otras personas tienen conocimientos previos sobre el tema del que estamos hablando.

Todos, absolutamente todos, caemos en algún momento en la maldición del conocimiento y damos por hecho cosas que no deberíamos. En el ámbito profesional lo vemos en los diferentes sectores y el vocabulario que utilizan.

Por ejemplo, en finanzas: turnaround, flujos a futuro…

O en logística: rodillos, góndola…

A marchas forzadas vamos sabiendo lo que es un EPI o una FPP2 o PCR… pero ahora porque tenemos saturación de noticias relacionadas con el covid-19 y se están molestando en explicarnos con minucioso detalle a qué se refieren cuando dicen estas palabras. Hace un mes no teníamos ni idea. Palabras que en sus diversos entornos se dicen de forma común y habitual, pero que fuera de ellos te hacen quedar o como un resabiado o lo que es peor, como un listillo. O, aún peor, que tu interlocutor no tenga ni la más remota idea de lo que estás hablando.

Y es que, una vez que interiorizamos algo, es difícil volver atrás a cómo era cuando no sabíamos de ese tema. Es como si nos pusieran unas orejeras. Y es peor cuanto más sabemos de un tema. Así que si somos expertos en algo, la maldición del conocimiento nos acechará por cualquier esquina.

Es muy difícil salir de la espiral en la que nos mete nuestro propio conocimiento. Yo he trabajado con oradores que no podían reconocer sus propias palabras técnicas y esto, como podéis imaginar, es un problema.

 

¿Cómo romper la maldición del conocimiento?

Como digo, acabar con la maldición del conocimiento no es sencillo y muchas veces requiere de ayuda externa, una suerte de espejo que nos recuerde nuestros inicios, cuando no sabíamos lo que sabemos hoy. Así que no está mal que le pidamos a alguien que nos revise un texto o una presentación. Si somos muy empáticos, podemos intentar ponernos nosotros al nivel de nuestra audiencia. Requiere práctica, pero lo podemos conseguir.