Cuatro preguntas para definir el storytelling de una presentación

Estamos tan acostumbrados a ver presentaciones con PowerPoints llenos de listas de viñetas y de texto y con datos presentados (casi) en bruto que a veces olvidamos que tras todo ello, hay una historia que contar.
El neurocientífico Dr. John Medina, en su libro Brain Rules, tiene un capítulo entero dedicado a por qué el cerebro no le presta atención a las cosas aburridas y cómo evitar que no nos presten la atención debida cuando queremos que nos escuchen.
Cuando tenemos interés en algo o alguien, o es importante para nosotros por algún motivo, tendemos a prestarle atención. Cuando estaba embarazada de mis hijos, solo veía embarazadas por la calle, cosa que por supuesto, he dejado de ver con el tiempo. No es que no haya mujeres embarazadas, es que no les presto atención.

Además, el cerebro recuerda más fácilmente y durante más tiempo aquellos sucesos que tienen un componente emocional que los sucesos neutros. Haz memoria: ¿qué sucesos recuerdas de cuando tenías 9 años? Seguramente todos ellos tienen algo en común y es, precisamente, esta parte emocional (que no necesariamente será buena, ojo, pero sí emocional).

Y una más: si no pillamos la esencia de una información, será difícil que prestemos atención a los detalles. Vamos, que total, para qué, si no nos vamos a enterar igual. Para evitar que el cerebro de nuestra audiencia nos juegue una mala pasada, tendremos que estructurar de una forma lógica la información que presentamos, de forma organizada y empezando por lo principal, por las ideas principales.

Aunque creamos que tenemos superpoderes, en realidad nuestro cerebro se resiste a la multitarea. Haz la prueba: prueba a poner una canción y, mientras prestas atención a su letra, trata de leer este texto. Es imposible. No puedes hacer las dos cosas a la vez. Así que, para ponérselo fácil a nuestra audiencia, vamos a ver cómo podemos definir la narrativa de nuestras presentaciones para que nuestra audiencia nos preste toda su atención.

A ello:

 

¿Quién es tu audiencia?

Tu audiencia va a marcar tanto el tono como la narrativa de la presentación. No es lo mismo dirigirte a un grupo de emprendedores novatos que a la junta directiva de una empresa del IBEX. Ni es lo mismo que la charla sea en una asociación de familias numerosas que un grupo formado por profesorado universitario. Los ejemplos, las anécdotas y las historias con las que ilustrarás tus ideas tienen que ser diferentes en cada caso y, por lo tanto, lo será la narrativa a utilizar.
Conocer bien a tu audiencia es una obligación y es lo primero que tienes que hacer cuando te enfrentas al papel en blanco. En este artículo tienes más información sobre cómo investigar a tu audiencia.

 

¿Cuál es el objetivo de la presentación?

La audiencia también va a marcar el objetivo de tu presentación. El objetivo de una presentación es el que manda a la hora de definir nuestra narrativa y vendrá marcado, en cierto modo, por el tipo de audiencia a la que nos dirijamos. ¿Se trata de una presentación informativa o persuasiva? ¿Queremos colocar algún mensaje de venta o persuadir a nuestro público para que realice alguna acción o cambien de opinión respecto a algún tema?
Según nuestro objetivo, tendremos que elegir una estructura para ir contruyendo nuestra comunicación en base a ella, así que este punto es crucial conocerlo antes de empezar a escribir o a dar forma a nuestra idea.
Otra pregunta que nos ayudaría a llegar a nuestro objetivo podría ser qué problema tiene mi audiencia que yo puedo solucionar.

 

¿Cómo puedo solucionar su problema?

Nuestro público tiene un «problema». Este problema puede ser que desconozcan una información o que no sepan algo que nosotros sí sabemos. Identificar el problema nos ha ayudado a conocer nuestro objetivo y ahora tenemos que ver lo que nosotros podemos aportar en la solución.
Esta respuesta puede ser conocimiento puro, ideas nuevas sobre algo que ya sabían, un nuevo punto de vista. También puede ser un método que tú conoces y ellos puedan empezar a aplicar después de tu charla. O un producto o servicio que les facilite la vida. Tú puedes transformar su vida y les vas a explicar cómo.

 

¿Cómo puedo llegar mejor a ellos?

Finalmente, la última pregunta nos ayudará a descubrir cuál es el mejor camino para trasladar nuestro mensaje. ¿Sería mejor utilizar datos o una historia? ¿Es mejor una u otra fotografía? ¿Con qué ejemplos se van a identificar mejor? ¿Tengo alguna anécdota que pueda encajar en mi charla? ¿Un ejercicio práctico puede servir para que se vea claramente la mejoría? ¿Interactúo con alguna herramienta?
Estas respuestas vendrán de la mano de las anteriores. Sin saber quién es mi audiencia o cuál es mi objetivo (y el problema de la audiencia), o cómo puedo solucionar este problema no puedo saber cómo será la mejor ruta para lograr mi propósito.

Como ves, es un diagrama en el que sin la respuesta a la anterior pregunta, no se puede continuar. Claro que podríamos seguir improvisando nuestras presentaciones y alegando que no tenemos tiempo y podría darnos igual que nuestra audiencia se aburriera como un hongo… Pero, concédete el placer del trabajo bien hecho y prueba a contestar a estas preguntas la próxima vez que tengas que hacer una presentación. Tu público te lo agradecerá y tú triunfarás como nunca antes lo habías hecho.